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miércoles, abril 30, 2008

Reflexiones sobre el trabajo

RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL
Reflexiones sobre el trabajo

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Los empresarios deben sacrificar un poco de su capital financiero para proteger su capital humano. Los trabajadores deben corresponder con lealtad, responsabilidad y esfuerzo para incrementar la productividad y bajar los costos de producción.

Joaquín Samayoa/Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
jsamayoa@fepade.org.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 4/30/2008

Nuestra tradición dicta que el Día Internacional del Trabajo es un día de protestas callejeras. Se protesta por el déficit de empleos, por los bajos salarios, por las malas condiciones de trabajo, por violaciones a derechos laborales y por el régimen político que causa o tolera esos y otros muchos males. Y ya que se hace el esfuerzo de organizar la movilización, se aprovecha para protestar, como está mandado, por el TLC, el neoliberalismo, el costo de la vida y otros temas que nunca pierden vigencia.

Las protestas del 1.º de mayo son un obligado ritual para todo aquel que se precie de ser un auténtico militante de izquierda, porque el manual prescribe que la protesta solo es válida (y posible) cuando el gobierno de turno es de derecha, ya que, por definición ideológica que no requiere ni admite verificación en la realidad, los gobiernos de izquierda son aliados de los trabajadores (además de que no suelen ser tan respetuosos de la libertad de expresión).

Pero, más allá del sesgo ideológico y de la burda politización de una fecha tan importante, lo cierto es que la valoración del trabajo en las sociedades modernas deja mucho que desear. Muchas de las quejas de los manifestantes hacen referencia a problemas reales. Por otra parte, también es cierto que, en casi todas las sociedades, hay grandes cantidades de personas que gozan de una situación laboral satisfactoria y tal vez debieran salir a la calle a celebrar.

De todo hay en la viña del Señor. Mientras unos protestan abiertamente, otros se guardan sus frustraciones o se desahogan en una cantina o en la intimidad de sus hogares. La mayoría se toma el Día del Trabajo como cualquier otro día de vacación, sin conciencia de lo afortunados que son por tener un empleo estable; sin preguntarse qué pueden hacer para que la situación laboral de sus compañeros y subalternos sea más satisfactoria o para que su propio trabajo sea más productivo.

En cualquier caso, siempre brilla por su ausencia la reflexión académica o religiosa que ayudaría a poner en una perspectiva más amplia la valoración personal y social del trabajo. Nos hemos acostumbrado a que el día del trabajo sea un día de protestas o de ocio, no un día de reflexión, agradecimiento o celebración. Les hemos cedido el día a los políticos y hemos permitido que lo utilicen a su entera conveniencia, la cual rara vez coincide con los intereses y aspiraciones de toda la sociedad.

Vivimos tiempos difíciles. La coyuntura económica global les ha venido a complicar aún más las cosas a muchos jóvenes que ya estaban teniendo grandes dificultades para abrirse paso en la vida, y también a mucha gente mayor que ha quedado desprotegida por la falta de un sistema funcional de pensiones y seguridad social. En estas circunstancias, la falta de oportunidades de empleo y los criterios para establecer salarios constituyen problemas que deben ser atendidos prontamente, con actitud solidaria y con genuino espíritu de responsabilidad social.

Al Estado le corresponde incentivar la creación de empleos y proteger los derechos más elementales de los individuos que son más vulnerables en toda relación laboral. Pero en una economía de libre empresa, la cantidad y la calidad del empleo dependen principalmente de la iniciativa privada y de los valores que rigen el comportamiento empresarial.

En tiempos de vacas flacas, los inversionistas tienden a ser muy cautelosos y la mayoría de empresarios intentan proteger sus márgenes de utilidad elevando precios, eliminando plazas y congelando o reduciendo salarios. Paradójicamente, esa lógica provoca una mayor contracción económica al reducir el poder adquisitivo de los consumidores y termina ocasionando inseguridad y turbulencias sociales que abonan a un entorno desfavorable para los negocios.

La estrategia empresarial de trasladarles la carga a sus empleados y a sus clientes tiene sentido solo en un análisis inmediatista y superficial. A la larga, la única fórmula que nos permitirá superar las adversidades del contexto económico global es el compromiso solidario entre empresarios y trabajadores.

Los empresarios deben sacrificar un poco de su capital financiero para proteger su capital humano. Los trabajadores deben corresponder con lealtad, responsabilidad y esfuerzo para incrementar la productividad y bajar los costos de producción.

Los dirigentes políticos y gremiales deben hacer polo a tierra. Sus agresivas protestas contra el Gobierno o contra el neoliberalismo son absolutamente estériles. Los trabajadores necesitan soluciones novedosas a los problemas de hoy; no consignas ni pancartas con los mismos mensajes panfletarios de tres o cuatro décadas atrás.

Consulten, opinen y escriban
Saludos
Rodrigo González Fernández
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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